Yo tenía un muro, lo construí con esmero durante años y estaba satisfecha. Parecía que nadie lograría atravesarlo. Pero apareciste tu. Al principio solo aparecieron grietas en mi guardia, después la dejé caer, dios, por qué la habré dejado caer. Entonces la razón por la que construí mi muro en primer lugar apareció de nuevo, es más, me di de bruces contra ella. Y joder, que si duele.
Ahora no se si es que juegas, o has dejado de hacerlo, o quizá nunca lo hiciste. Me da que eres uno de los míos, se distingue tu muro desde lejos. Y es una pena, deberías darte, y deberías haberme dado una oportunidad de cambiar eso.
Pero ahora todo lo que veo es todo lo que deberíamos haber sido y lo que nunca seremos. Se que ahora toca esa parte en la que te dejo escapar sin haberte tenido. Estuvo mal dejar caer mi muro, estuvo mal bajar la guardia y así me ha ido. Pero yo era yo antes de que tu llegaras y si te preocupara algo te diría que tranquilo, volveré a ser yo cuando esto pase.
Porque, ¿Sabes qué? Estoy cansada. De ti, de tus cambios de humor, de tus historias, de tus mierdas y de que no hayas sabido reconocer que sea lo que sea lo que te hizo daño, eso no lo haría yo. ¿Y sabes qué? Es hora de pensar un poquito menos en ti y un poquito más en mi. Pero ojalá fuera yo lo mejor que dejaste escapar.
Es como un círculo, como intentar atrapar el aire. Es un dolor exquisito, porque en el fondo no quiero dejarlo marchar. Doy un paso atrás y te observo desde la distancia, estoy admitiendo que ya no merezco esto de ti, que tengo que ser fuerte y salir de aquí. Volver a construir mi muro con los trozos de lo que tu has dejado por ahí.
Dicen que no es tan malo, no puedes echar de menos algo que sabías que era tan imposible de obtener, algo que no obtendrías, pero sabes, yo si puedo.
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